Mi espalda cede por un momento pero siento la curva peligrosa que describe mi columna y la endereso pronto. Los escombros de los edificios yacen por todos lados y yo respiro lentamente. Algunas alimañas, perdón, criaturas se remueven entre los despojos y levantan polvo. El frío viento trae la mugre a mi nariz y amenaza con llenar mis pulmones de estas secas partículas. Siento que el frío cala mis huesos. Siento cómo la saliva espesa rezuma por debajo de mi lengua. Vuelvo a enderezar la espalda, reclino la cabeza para que repose sobre mi columna aunque pronto pierdo esa postura. Mi estómago se tensa de nuevo o quizás son músculos a su alrededor que tratan de prevenir que ruja de nuevo, que se coma a sí mismo. Unas lágrimas asoman de mis párpados, solamente estarán hasta que olvide que tengo hambre, la última vez tardé dos horas, quizás esta vez lo olvide antes. Se cumple una semana desde que se acabó el mundo. Oigo un gruñido y siento los escombros desprenderse y rodar. Un escalofrío hace cosquilla debajo de mi nuca, una electricidad recorre la piel de mis brazos. Siento el gruñido a centímetros de mi oreja, solo se interrumpe para aspirar mi olor. Mi ceño se ciñe aún más, siento los músculos de mi cara tan duros que solamente temo que se me partan o queden así petrificados. Aprieto mis dientes con una peligrosa fuerza pero no me preocupa tanto perder la dentadura ya. Mi torso arde e incandece y mis brazos lanzan chispas a la atmósfera. El animal a mis espaldas gime y huye. Una semana nada más desde aquel berrinche. Creo que no puedo ofrecer mejor justicia al mundo que mi muerte por inanición.
Bienvenidos.
Sírvanse a sus anchas y
sean libres de comentar
tanto como más lo sientan.
Nos vemos del otro lado
1 de julio de 2019
14 de mayo de 2019
Una promesa
8 de mayo de 2019
Zombie
Es que me abandoné, no estoy aquí. Una broma habla de que, llegado el apocalipsis zombie de nuestras fantasías, no estaríamos luchando por la supervivencia como fantaseamos sino que estaríamos arrastrándonos para comernos a nuestros seres queridos.
Sospecho, porque no estoy aquí presente para comprobarlo, que en algún momento me cansé de mí. Habré visto algo impropio en este ser material y he soltado esta vida. Aquí estoy ahora siendo brazos y vísceras, un embrollo de pensamientos y sentimientos caóticos. Allí en algún otro lugar estoy yo, o quien debí haber sido, allí estoy con toda mi grandeza y la maravilla hermosa del ser que debí ser. Qué bien que se haya ido, aquí seguramente se hubiera entristecido o enfurecido, todas esas cosas que casi siento yo hasta que entiendo que no soy. Lamento que ustedes se perdieran tan maravilloso ser, lo hubieran amado o lo hubieran odiado, hubieran sabido que hacer con él.
25 de abril de 2019
...
Un montón de palabras
El escalofrío de una caricia
Y otra vez la ratonera
Oscuro resguardo
Negación de la negación de la negación
Una espiral al fondo
Y entonces qué hacer
Ponerle una máscara
Usar un montón de palabras
6 de abril de 2019
Practico decir boludeces. El ave del paraíso.
La cima de la montaña, una aparente forma puntiaguda desde la distancia, se abre al cielo por encima de las nubes. Un vientre volcánico borbotea y una roca de forma ovalada flota en el centro del mar incandescente.
Cada un cierto tiempo, el nivel del magma se eleva y trepa por las grietas de la roca que duerme en su centro. El aire viciado hace difícil que los colores se presenten con fidelidad pero puede verse que la piedra es profundamente negra.
La masa ardiente quiebra por fin la piedra cuyas piezas solo flotan un momento antes de fundirse entre sí y revelar en su interior un cuerpo. El cuerpo se remueve y alza una cabeza redonda con una protuberancia aguda que busca el cielo.
El pico se abre y emite una única nota que atraviesa el mundo entero. Sin fluctuar esa nota, el ave extiende sus alas en toda su plenitud. Silencio. El ave se yergue sobre el mar de rocas fundidas, las alas baten el aire y la brea que las recubre se escurre revelando un hermoso plumaje de un color imposible de explicar.
La cabeza vibra casi imperceptiblemente y se desprende así de la misma brea que le tapa la vista. El cuello se extiende largo. Las finas patas ensayan un salto. Los ojos buscan en la boca del cráter volcánico, en el disco celeste. Buscan algo familiar, algo conocido. La criatura está aturdida, acalambrada, sola. Las alas baten con una desproporcionada fuerza y el ave se extrae del volcán y posa torpemente en los bordes del cráter.
Debajo de sí, solo pueden verse gordas nubes blancas que ocultan el cuerpo de la montaña. Tres plumas largas de un tono más opaco se paran en la cabeza del ave y, aún dentro del cráter, una cola más larga que el resto del cuerpo escurre el resto de la brea que la baña.
Las proporciones de su cuerpo dan la idea de que no es más que un pichón. Verla sería tan doloroso para cualquier persona como ver directo al sol aunque no es verdad que emane luz por sí misma. El ave ve al astro sin dificultad, incluso calibrando en él su vista. Las alas baten y el cuerpo se alza en el aire. Vuela con suma gracia, parece movida solo por su voluntad, el esfuerzo de sus alas es mínimo.
Es un pichón del tamaño de la boca de un volcán y aún tiene mucho para crecer. Planea recorriendo inmensas distancias, gira alrededor de la tierra por los niveles más externos de la estratósfera. Juega, juega como los peces que saltan sobre la superficie del mar, juega saliendo de la atmósfera y volviendo a sumergirse en ella. Observará por un tiempo la vida en la tierra y, si se aburre, se marchará un tiempo surcando los mares de ondas cósmicas.
6 de marzo de 2019
Extrañez
Veo tus lágrimas
Te llamo pero son ideas mías
No escuchás
Mi voz no tiene lugar en tu mundo
No sé quién sos
Pero llorás
Yo estoy vacío
Yo estoy mal dormido
Yo estoy desfasado
Pero vos llorás
Tu cara se contrae
Será el sol dirán
Será el mal carácter
Un mal día
Seguramente un mal día
Pero la sangre
Se agolpa bajo tus ojos
Tu labio no se contrae de asco
Tu nariz no se abre de bronca
Y yo te veo
Alguien más te ve
Seguro
¿Y qué va a hacer?
¿Qué puedo hacer?
¿Una palabra? ¿Cuál palabra?
No
Ese llanto es tuyo
Pero me harían bien esas lágrimas
Para barrer el polvo de este alma
Con gusto escurriría tus ojos de penas
Así no sabiendo quién sos
Si a cambio solamente por un instante
Me mirás con esas pupilas
Me mostrás que estoy acá
Que no inventé a alguien que llora afuera
En un día radiante
4 de marzo de 2019
Bucle
Más allá de la pared del desvelo
Los garabatos como llamas consumen las hojas en blanco. Las venas se ahorcan con cada frenético movimiento que persigue una idea como a fueg...