14 de marzo de 2017

Soñó

El sueño llegó. Muchas noches pasaron en que el cuerpo se desactivaba y reactivaba como si la madrugada se omitiera o realmente no existiera. Pero una noche el sueño llegó y entonces durmió. Todo su cuerpo se distendió verdaderamente, no fue solo un parpadeo. Los ojos esta vez se agitaron.
Primero las escenas se aceleraban frente a él. Todo pasaba y solo observaba. Inadvertidamente se encontró contestando a las palabras de una mujer como él. Estaban yendo a algún lugar de la universidad, los salones los esperaban pero ella tomó otro camino y los corredores vacíos estuvieron repentinamente repletos de transeúntes. Todos le dirigían alguna palabra al pasar pero nada de lo que se hablaba era registrado por él.
Eran dos o eran tres, caminaron junto a él. Al salón no llegaba y la tarde ya era noche. Pero esos dos o tres estaban yendo a un bar y a un bar llegó él. Pedían cerveza y las pintas desfilaban delante suyo. Sabía que participaba de la ingesta pero no degustó la cerveza que bebió igual que ninguna de las palabras habladas se definía en sus oídos.
La tenue luz se volvió oscuridad y se supo solo. El recinto estaba vacío de mobiliario y de toda otra presencia. Pensó en las nubes y casi se convence de estar deambulando en ellas, pensó en perros y gatos y varios ejemplares de estos animales pasaron cerca suyo, pero jamás una luz irrumpió el aire negro que lo envolvía. Se agachó para mimar a las criaturas que ya no estaban allí. Se le antojo todo muy insatisfactorio. Pensó en su familia pero fue igual que con los cuadrúpedos, se presentaron inaccesiblemente.
La oscuridad se atenuó y un resplandor empalideció el ambiente. Sentía hambre y creía estar comiendo pero sus manos estaban junto a su cuerpo y su boca semiabierta no se movía. Todos sus músculos se mantenían quietos a la fuerza. Toda su fisiología estaba en huelga y cuánto lo rodeaba solo podía saberlo a sabiendas, nada percibía. Varios escenarios reemplazaron el vacío y él comprendía que su presencia era ajena a todos ellos.
Entonces un escenario fue la calle de asfalto, cualquier calle, todas las calles en un solo camino. Pero el camino estaba intersectado, en algún lugar ignoto se torcía y se cruzaba consigo mismo, continuaba y lejos donde no podía pensarse se volvía a dar la vuelta y así repetidas veces se cruzaba y todo esto podía saber él. Allí estaba y el día resplandecía con un intrusivo celeste repleto de pálidos puntos claramente distinguibles, entre dos intersecciones, con murallas alzándose a sendos lados suyos. Algunas personas lo visitaban y él comenzaba a deambular pero no se desplazaba. La gente se acercaba y se marchaba, variadas conversaciones se sucedían y se perdían en el olvido. Quizás sabía lo que decían, quizás sí era capaz de percibir todo su entorno con todos sus sentidos, pero insistía en probarse a sí mismo que los instantes previos habían ocurrido en verdad y fracasaba porque era incapaz de probarlo definitivamente.
La madrugada, como cada vez, concluyó. Un dispositivo comenzó a sonar insistente en una hora determinada. La respiración del hombre continuó, sonando pesada e imperturbable.

11 de marzo de 2017

Amigo

Los portones se abrieron y la muchachada entró. Los parlantes reproducían música grabada, los árboles encapotaban el camino de entrada, un asador hacía hamburguesas y un kioskito interno inyectaba alcohol en las venas de ese organismo vivo que se conoce como masa. Parte de esa masa fueron ellos. La banda toco y todos celebraron, porque todo encuentro social es una celebración y toda convocatoria lo es.
De esa multitud que exteriorizaba risas y burlas, mucha pena de cada vida se ocultaba. Muchos locos se habían expandido hoyos en el lobulo de sus orejas, algunos se habían cortado parte del cabello al ras y otros, hecho rastas en parte. La estética era algo que no importaba hasta que se resignificaba en esa forma que presentaba y entonces era así que sí importaba. Y detrás de esa nueva forma correcta se ocultaba la pena.
La pena por algunos aplazada. La pena por otros reprimida. La pena particular de cada uno, pena en todos pero ignota para todos los demás. Y una persona tan impertinente como para reventar y hacer supurar el dolor. Yo.
Tal capacidad de irrumpir con mi demanda egoísta, con mi reclamo desoído. Pero en el lugar justo, la rabia que provoca declama el dolor que se vela y me es revelado. Porque el equivocado en algo no lo está y no es tan errado creer que le hablaba a un amigo. Y pasada es la acción, el amigo existe aún y por siempre aunque sendas vidas continúen su discurrir por vías divergentes.
Quiero declarar que me verán retomar mis quehaceres, mis penares, mis reclamos, pero que ahí estaré constante receptivo de cualquier amigo, ese amigo, cada amigo porque a ellos debo mi vida, mi constitución, todo lo que de mi conocimiento es grato. Para enfrentar toda pena para la que mi presencia pueda servir de segunda, estoy. Y si has de caer, no tengas vergüenza, que caer, caen todos. Pero caer de a dos significa honra.

Amigo, no temas si estoy cerca.
Amigo, si temés, acercate.
Si algo puede irrumpir el discurrir de mi vida, es la tuya.

4 de marzo de 2017

En el umbral onírico

Los pensamientos se fragmentan en ese momento en que las horas de los días pasados se vuelcan sobre uno.
Uno. Uno es decir uno mismo. Uno suena como un individuo tan inocente. Uno se lava las manos así.
El trabajo diario se realiza, se cumple. El cuerpo pide atención y la mente pide distracción.
El cuerpo viene. La mente se va ¿Y cuándo se encuentran?
¿En esta hoja? ¿En esta web? ¿En estas manos? ¿En estos ojos?
?¿
Los pensamientos fragmentados, los ojos desviados. El detalle
Los detalles. La corrección. El desliz.
El olvido, el desliz, el error. No es igual equivocarse que cometer un desliz. El desliz en involuntariamente intencional. Es uno que quiere deslizar un mensaje que no quiere presentar en un texto puramente pretextual.
Uno, tan inocente. Uno mismo culpable. Culpable de olvidarse, culpable de no recordar. Que el alimento, que el dinero, que el maltrato.
Este texto, la vida. Que empieza sin idea y la idea se forma. Que empieza sin sentido y se vuelve genial. Y no hay manera, no hay ton ni son. Pero ya tiene caracter, ya tiene su propia gracia, estilo.
La puntuación excesiva, la puntuación obsesiva, la puntuación ya no importa punto
punto enter espacio otodoininterrumpidamentesobrecargadodeletrasindistintas

Por qué no se puede saber ¿Por qué no se puede saber? ¡Porque no se puede saber!

Escribí algo antes que alguien se afane el espacio. Escribo y escribí. Escribí y escribiré. Debería haberme dormido. Debería dormirme. Pero debo escribir antes que olvide, pero nada había para escribir. Entonces olvidar. Olvidar escribir. No olvidar algo que escribir. El ejercicio, la acción, el verbo. El verboide, la idea de acción, la pretensión.
La forma. Ausencia de predicado. Falta en tanto sujeto. Un parrafo, dos. Una oración y salto de línea: verso. Puntuación palabra puntuación: Diez puntos con el cero a la izquierda.
My own place, my secret place. Ese rincón que es mío, ese rincón que me pertenece a mí, ese rincón que es de quien soy yo ¿Quién soy yo? ¿A quién pertenece este rincón? ¿Qué es este rincón? Un puñado rebosado de palabras. Se escurren como gotas de mis dedos y no responden a mis ordenes.
Caen alborotadas y chapotean en el propio charco que forman y son lágrimas que forman un mar que es tan grande que abruma y marea y la bruma oculta mi chapuzón que soy yo cayendo en mi propio mar y solamente quiero llegar a la orilla para dejar de quebrar la eterna oración con conjunciones.
Y cerrar mis

Y cerrar mis ojos y sentir el cuerpo.
Qué irónico que irónicamente sea entonces.
Entonces sea que mi cuerpo y mi mente se encuentren.
Se encuentren cuando sueñan y se desencuentren.
Se desencuentren porque descanse uno y trabaje el otro.
Y despierte para ir a trabajar y se empiecen a separar.
Como mis ojos se separan de sueño, mi mente y mi cuerpo.
Y yo, uno, yo.

No hay más fuerza, la lapicera pesa, las teclas me oponen fuerza.
Pero ya voy a llegar.
Ya me voy a encontrar
Ya verán

1 de marzo de 2017

Otra vez

Otra vez entre ustedes
Otra vez y nunca supieron
Camino como dueño de todo
Y nada es mío
Aquí entre ustedes
Más evidente, más palpable
Pero nadie palpa, nadie ve

Dame lo que mierda tengas
Servime cuantiosamente
Vine temprano y temprano me iré
Pero horas pasarán
Esta mesa y estos bancos ahora son míos
No mezquino, sírvanse de mí
Seré el papel tapiz de algún chamuyo
U oyente de los chismorreos

Llegaron los jefes
Las motos aparcan como caballos
El salón abre sus puertas vaivén.
La música pesada y melódica estalla
La estridencia inunda la llegada
Las canillas pierden presión
Los barriles se cambian frenéticamente

Esta noche quizás sea mía
Otra vez estoy aquí al fin
Quizás de esta noche me adueñe
¿Cuánto tomé ya? O más bien
¿Qué tomé ya?
Comencemos la conquista

Jere, no
Del otro lado me dicen
¿Quiénes son? Nadie que yo sepa
Pronto retoman su chismorreo
Aunque relojean a mí
No me pierden de vista
Mejor, tendrán primera fila

Jere, no lo hagas
Alguien dice mientras sube mientras bajo
Todos me miran
Los corpulentos barbudos detienen sus risas
Los enfrento y hablan
No lo hagas
Pido en la barra un Jäger
Lo apuro y pido otro
Me lo sirven y demando la botella
Los gordos menean sus barbas
No las pelotas pienso

Termino la copita
Beso apasionado el pico
Mi nariz se frunce desde dentro
Mi lengua arde, mi garganta gruñe
Ladro a la noche
La botella vuela
Atino a la campana
Las luces se tiñen de rojo
La música suena profundamente
Sleeping Village

Todos se abalanzan sobre mí

Apocalipsis

Todos esperaban el apocalipsis. El apocalipsis nos esperaba. Recordamos anécdotas de nuestros abuelos sobre cuánto divertía fantasear con el levantamiento de los cadáveres. Era tan absurdo, reconocían. No había explicación que pudiera respaldar la posibilidad y finalmente nunca fue posible, nunca ocurrió. Pero el apocalipsis llegó, más insensato de lo que podrían haber imaginado.
La generación que nos precede comenzó a sentirlo. Nosotros nacimos sin distinguir cuánto de lo que sentíamos era parte del mundo que nos legaban y cuánto llegaba para destrozarlo. Comenzó, dicen, con planteos existencialistas masivos. Ya no era un fenómeno del que participaban algunos, todos comenzaban a reflexionar sobre su lugar en el mundo. El mundo se convirtió en una gran duda, el mundo fue tan relativizado que lo siguiente en sentirse fue la distorsión de las leyes naturales. Nadie puede precisar cuánto ocurre como se narra. Algunos aseguran que sus pasos no los empujaba del suelo sino que traían el suelo hacia ellos. El sol asomaba por el Este aunque ya no importaba qué punto cardinal era porque no se consentía que el Norte y el Sur fueran tales. El sol aún salía y no proyectaba luz, absorbía oscuridad.
No se sabe nada de los que se fugaron del planeta pero aquí en la tierra las cosas se pusieron graves pues hoy el apocalipsis no tienen carne ni estómago. Recuerdo el día. O la noche. La vez, perdón. Recuerdo la vez en que miré mis cuencas. No sentí ningún dolor, una leve y repugnante succión. No pude precisar, como nada podía precisarse en aquel entonces, qué parte de mi piel había dado paso a mi esqueleto. El mismo se había desconectado de todos mis nervios, los que ya eran inútiles para entonces. Muy consideradamente se dio la vuelta para ¿despedirse? tal vez, no puedo negarle el derecho al sentimentalismo a mi propio esqueleto.
Hoy las calles están llenas, todo el tiempo andan por las calles. No tienen problemas en hacer piruetas o trepar cualquier superficie. No podemos saber qué los impulsa pero no podemos negarles hacerlo si eso quieren. Es evidente que no quieren quedarse dentro de ningún hogar. Nosotros nos arrastramos con el poco control que queda en nuestros músculos, el poco control que nos queda para con nuestra realidad.
Conversamos reunidos en casas a las que llegamos trabajosamente, conversamos y reflexionamos sobre los últimos sucesos. Nos planteamos la posibilidad de que el sol haya sido robado por algún otro ente espacial. El cielo permanece inalterablemente negro con vetas de luz. La atmósfera se ilumina con una luz que alguna vez habría revuelto las tripas de cualquiera pero que hoy no puede más que ser tolerada pues no tenemos opción. El mundo ahora es así. Y lo hablamos, porque solo así podemos seguir aferrados a él. Sospechamos que la Tierra va a la deriva cósmica y no nos importa. Aún nos asusta más que puede haber si renunciamos a este mundo.

27 de febrero de 2017

La Entidad

El ente demoníaco encontró un hombre del cual alimentarse. En un momento de distracción se coló en su piel y licuó sus entrañas. Nadie jamás supo cómo se alojó de un momento a otro está entidad pero ahí estaba. Los ojos de este hombre no brillaron rojos, esas son patrañas, el ente no da señales. Pero se encontró con que no abundaba en él su alimento más nutritivo, el favorito de esta entidad: dolor. Pronto agotó cuanto quedaba en él y solo pudo funcionar como transporte. Usando su cuerpo fue que conoció a una mujer y en ella vio el dolor hecho locura, la locura hecha miles de cicatrices. Era la criatura perfecta pero este ente ya había seleccionado la línea de presa masculina y no podía cambiar a ese cuerpo.
Ella creyó que hacía el amor, pero de amor no entendía nada y de hacer menos aún. Él, cascarón vacío, buscaba procrear para procurarse mejor alimento y sorbía cuanta enfermedad en ella residía. La esperma del hombre hueco la inseminó, la mujer dio a luz una hermosa niña, tan limpia y rasa como nunca volvería a ser. El "padre" fijó su objetivo en ella definitivamente. La niña creció y tomó forma de humana, porque lo era y lo sería siempre, el demonio se encargaría de eso. Un niño siguió a la niña y pero no servía de contenedor por mucho que el ente intentara trasladarse. Marcó a la niña con sus intentos de alimentarse, marcó al niño con sus intentos de trasladarse. Ambos críos miserablemente crecieron.
El demonio intentó una vez definitiva y nuevamente fracasó en introducirse en el niño. La debilidad con que regreso a su recipiente cada vez más debilitado, más incipiente, no le dejó otra alternativa que marcharse y descartar ese cuerpo. De ese individuo nadie más supo nada. Pero la entidad había vuelto a su forma incorpórea. Vigilaba de cerca a la niña que crecía tan erecta cómo sus desgarros y quemaduras le permitían. En el mundo ingrato pero no tan cruel, ella tuvo un camino, tuvo una sociedad ingrata pero no tan cruel que la recibía y le permitía hacerse un lugar. La entidad observaba y saltaba de joven hombre en joven hombre buscando darle caza a la niña, atrapado él en su línea alimenticia masculina. Así más hirió a la joven mujer que crecía con el resentimiento en la carne y la duda en el espíritu de si el mundo podía albergar un lugar que sea suyo.
Las desgracias más naturales pueden parecer obra del diablo cuando están enmarcadas en una continuidad miserable. Y enmarcado en la abundancia de pena, ella conoció a un joven hombre de lo más absurdo ¿Por qué tan absurdo? No podía saberse entonces. El ente observaba la elección de la chica y a ese joven quiso entrar. Se abrió paso como había hecho cada vez anterior por entre los poros y recorrió la dermis del muchacho desde la cual observó a la joven mujer. Había buen alimento dentro de este joven hombre para nutrirse por varias décadas, aunque no olvidaba su objetivo fijo. Pero algo extraño se cernía sobre la residencia en la que había ingresado el demonio. Alguien rondaba ese ambiente carnal, esa alma corrupta, alguien que perturbaba su condición y limitaba su accionar con su sola presencia. Estaba claro porque a ellos pertenece el demonio.
Por meses trató de sorber un poco de la joven mujer que tan bien había sazonado por años pero, sin importar cuánto intentaba tomar las riendas de ese hombre, no lograba que acatara su voluntad. Todos sus comandos demoníacos eran refrenados y mitigados por la mente de este hombre. Algo imposible para un humano salvo que sobre él recaiga la influencia de algún demonio. Y él lo sabía y lo veía rondarle. Los demonios existen en un plano común a ellos pero incapaces de interactuar entre sí. Era en las huellas que aquel dejaba en este hombre que este demonio podía comprobar su presencia. Incluso sabía que su propia presencia había sido delatada y mucha era su frustración al pensar en el deleite que estaría sintiendo aquel demonio.
¿Por qué aquel no había ingresado y engullido el interior de este muchacho? El demonio podía imaginarlo. Se encontraba en presencia de una entidad que había elegido una línea alimenticia femenina. Preocupó al demonio masculino la integridad de su objetivo fijo. Pero no veía en ella ninguna invasión, solo resplandecían en ella las escarificaciones que él mismo había labrado durante esas décadas. Entonces entendió. El muchacho era pues la fijación de un demonio de línea alimenticia femenina pero que, distinto al demonio que tenía su fijación en la chica, no seguía a su objetivo adquiriendo forma corpórea, se mantenía etereo. Y una única razón se formaba en el pútrido pensamiento del demonio. Algo que jamás había visto y tampoco tenía sentido que estuviera pensándolo, considerándolo como una posibilidad.
Amor. Un demonio que había comenzado alguna vez a alimentarse de mujeres, se había encontrado con este muchacho y había gestado amor en sí. Ahora se limitaba a rondarlo, a sorber las lágrimas que exudaba el muchacho en cada tragedia, que eran pocas y débiles según observaba desde el interior el demonio fijado en la chica. Seguramente daría un empujoncito a las miserias del muchacho y lo escudaría para que le durara largo tiempo. Con esta conclusión observó el recinto con mejor atención y encontró las maquinarias de nuevas formas de angustia, apreció la complejidad de los corredores por los que se arrastraba, las formas enrevesadas y extensivas del terror y la repugnancia.
El interior de este muchacho era el banquete que el demonio suponía que le esperaba en las mujeres. El ente para su desgracia había optado en un comienzo por la línea masculina y nunca se había topado con tal jugosa presa. Había consumido sus fuerzas en manipularlo para sorber la miseria que había sembrado en esa chica y doblemente fracasado, pues con ambos se habría alimentado por milenios pero la misma custodia que resguardaba al muchacho le impedía simultáneamente saborearlo a él o alimentarse más de la chica. Sus últimos actos erráticos en su afán por trasladarse de vuelta a la incorporeidad moldearon el epílogo a la relación de esos humanos. El demonio continúa con su fijación, muy débil aún pero con la astucia encendida.


23 de febrero de 2017

El Castillo

Entre la aridez, se alza el castillo. Como una continuidad de la tierra, un accidente más. Sus absurdos corredores no sirven ningún propósito. Presentan cableados de ridículas proporciones y cadenas que cruzan los ambientes. En el fondo de este irritante acceso, una amplia habitación encierra a una persona. Su voluntad se encuentra atajada por esas cadenas que lo envuelven, su deseo es absorbido por los cables que se funden entre sus huesos.
Contra una pared se encuentra él sujeto y bajo él hasta la mitad de la habitación no hay suelo. La mitad del recinto continúa hundiéndose indefinidamente. Se sienten las corrientes de aire quejarse desde lo profundo. En los ojos una mirada se pierde en el vacío, la atención vuelta hacia adentro. Se retuerce y cambia de postura, su rostro se contorsiona y vuelve al mismo gesto apático. De a largos intervalos su cuerpo es sacudido por espasmos y su mirada nunca cae sobre nada, siempre se pierde. A veces sus ojos se entornan de una extraña determinación. A veces se entrecierran débiles, agotados.
Siempre ha habido sol en los siglos de su reclusión. El castillo toma los rayos e incandecen las paredes del recinto sin que hagan falta aberturas que den paso a la luz astral. El interior es claro, cálido de día y frío de noche, pero nunca oscuro como el abismo que se abre en mitad de la habitación.

Las cadenas tintinean. Los cables chispean. Los ojos se alzan y fijan su atención fuera. La salida de la habitación. El cuerpo se impulsa de la pared y cae como plomo. Como si no aceptara el abismo, el vacío se vuelve materia que recibe su peso con fuerza. Se yergue y su cuerpo es deforme, o su postura da esa impresión. Pero su gesto se desentiende y él avanza, caminando sobre el vacío y continuando sus pasos en el suelo. Con movimiento sinuoso, se desplaza por los pasillos. Estos se tuercen para dejarle paso y pronto llega a la salida. Fuertes vientos y relámpagos le esperan. Él, apático, continúa caminando la tierra. El cielo, melancólico, vierte sus lágrimas sobre el desierto arenal.

Llorando

16/2
Lloro
Lloro y no hay consuelo
Y no importa lo que diga o lo que sienta, no tengo perdón.
"Sos imperdonable" me dicen. "Pedí disculpas" me dicen.
Si quieren disculpame ¿Por qué esperan a que lo pida?
Dicen que quieren humildad, pero nunca es suficiente humildad.
Exigen humildad hasta que les conceda humillación
Nadie está dispuesto a humillarse. Pero lo esperan de todos.
Indecoroso, impúdico es aquel que goza, aquel que disfruta.

Es la dialéctica cristiana.
Claramente está presente en todos aunque nadie mencione su creencia

23/2
Lloro
Lloro y es el consuelo
El consuelo de los miserables que se arrastran a la miseria
Buscan un perdón que no merecen porque nada han hecho
Entonces hacen mérito para encontrar un perdón
Un perdón que buscar
Y ser parte de esa mierda a la que pertenezco
La mierda de los miserables que provoca lágrimas para poder llorar
La bosta que encuentra su reflejo y escupe al vidrio

Fui el laberinto de espejos y te perdiste
Pero estoy dentro y no sé si encontraste la salida

Escrito un ocho de octubre

El viento no se lleva los recuerdos ...y para colmo trae otros 
Ahí estamos, al borde de las cumbres borrascosas, en el ojo del huracán, en medio de la tormenta. Ahí están nuestros cuerpos y la mente de cada uno es sacudida por bandazos misteriosos, provenientes de lo más profundo de nuestro laberinto cerebral. Ahí nos encontramos, nos vemos a los ojos, nos tocamos los labios, nos dibujamos en el otro y queremos.
A donde yo vaya, te voy a llevar conmigo. No predigo ni adivino el futuro, no proyecto mis deseos porque soy cobarde. Le tengo miedo a los engaños del futuro y le tengo miedo a mis traicioneros deseos. Al margen de todas esas dudas, estás a mi lado hoy y vas a estar a mi lado siempre y eso es un hecho. Pueden pasar muchas cosas, podemos unirnos aún más y fundirnos en uno, podemos perder el lazo y distanciarnos como el astronauta y la bruja, pero yo voy a quedarme con cariño tu huella siempre, eso es un hecho.
Jamás perderá valor tu compañía, tu mirada, tu tacto, tus besos. Te amo, te quiero con el alma, quiero ser mejor para vos. No quiero prometerte nada porque sé que soy débil, soy muy débil, pero sé que merecés mucho y quiero que lo tengas.

¿Por qué escribí eso? Es natural que no lo haya publicado, que quedara como borrador, pero ¿por qué esas palabras?

Another stripe to the tiger

17 de febrero de 2017

De ojos vacíos

Él llegó en silencio. Se posó sobre la barra, miraba el salón. La chica detrás de la cafetera se fijó en él y fue a atenderlo. Su pelo no lucía ningún peinado que lo caracterizara, pero no daba la impresión de desarreglado. Vestía ropa oscura, de algún color impreciso pero opaco. Esa chica esperó a que pidiera ser atendido pero él le seguía dando la espalda. Algo de vello se veía por debajo de su rostro. Tenía un dejo de impertinencia su postura, apoyaba los codos sobre la barra aunque parecía una posición incómoda. No se sentaba en las banquetas, esperaba de pie. Su vista abarcaba fácilmente el amplio salón. Algo de cómo sostenía su cabeza en alto daba la idea de que estuviera decidiendo algo, o de que lo hubiera decidido ya, y que involucrara el salón. Tal vez esperaba ser reconocido por alguno de los comensales, pero nadie se fijaba en él salvo algún fugaz vistazo, como de quien repasa el escenario y él era parte de ese escenario.
—Buenas noches ¿desea tomar algo?
Él respondió al estímulo de ese llamado de atención volteándose lentamente. Sostenía en su cara una relajada sonrisa. La acentuó un poco más y fue con eso que la chica pudo precisar qué le generaba ese repentino miedo. No era la sonrisa, que por sí misma podía transmitir calma. Pero al moverse los músculos en su cara se hacía patente la ausencia, casi como si te quitaran el aire, de brillo en esos inexpresivos ojos. La muchacha resistió un escalofrío y devolvió la sonrisa. De a momentos ella desviaba su atención mientras esperaba alguna respuesta para no delatar la inspección que realizaba a esos ojos que sin el menor cuidado la miraban fijo. El iris era marrón oscuro, las pupilas se cerraban naturalmente bajo la luz de las dicroicas pero había que fijarse atentamente en ello para no tener la impresión de que sus ojos estaban dilatados en exceso.
—Solamente estoy de visita ¿Vos deseas tomar algo conmigo?
Entre presa de un extraño mesmerismo y víctima de una profunda perturbación, sintió la necesidad de responder con voz alzada y firme que no. Logró controlarse aunque su garganta emitió un casi imperceptible gruñido. Un mozo vino a pasarle un pedido y la liberó del embrujo pero ese visitante seguía fijando su vacua mirada en ella. Podía sentirlo aún dándole la espalda y deseaba profundamente que el encargado de salón le pidiera que se marchara. Casi sin mediar un instante, el encargado vino del depósito y se dirigió al muchacho.
—Señor, si no va a ordenar nada le voy a tener que pedir que se retire.
La sensación de éxito que tuvo la muchacha al cumplirse su anhelo concluyó abruptamente al ser arrastrada por un irrefrenable impulso y decir:
—No te preocupes, Hernán, está de visita.
Con la pasión de una máquina, el encargado se dio vuelta y marchó de regreso a sus actividades. La joven no podía dar crédito a lo que acababa de pasar. La respiración se le tornó dificultosa, el aire parecía denso, su cuerpo pesado y su corazón trabajaba el doble. La iluminación del salón parecía haberse atenuado, buscó por todos lados algo que la sacara de ese estado, continuaba conservando la compostura pero no sabía por cuanto. Al volver a fijarse en el visitante, este ya no la miraba, nuevamente observaba el salón, nuevamente el perfil le ocultaba la mirada opaca. La atmósfera se descomprimió en ese instante. Un mozo le pedía que preparara el café y empezaba a perder a paciencia. Se puso a trabajar ella, sabiendo que ese visitante no esperaba ser atendido, que no había nada que hacer. El miedo que le provocara unos momentos antes ya no estaba. Tal vez lo que antes parecía una amenaza ya no le preocupaba o tal vez alguna inconsciente certeza de que no había amenaza alguna se había colado en ella.
Observó ella la secuencia que comenzó en ese momento en que el muchacho se apartó de la barra y caminó implacable entre las mesas. Se detuvo junto a un grupo de comensales que reían sin que nadie se fijara en él. Bajó la mirada a uno de ellos, el que se ubicaba justo a su lado, la chica desde la barra veía la espalda de ambos y al visitante cruzar con su mano la espalda y posarla en su hombro. El hombre, de ancha espalda y pelo castaño, se inclinó hacia el frente y agachó la cabeza. Las risas menguaron, la fugaz preocupación que las desplazó rápidamente se convirtió en alarma cuando la muerte del hombre fue indudable. El visitante se marchaba en ese momento, una mano alzada en el aire, como saludando, o como apoyándola en la espalda de alguien.

15 de febrero de 2017

El amor

La vida
como una guerra
No sabemos contra quién peleamos
No sabemos qué defendemos
No pedimos estar en ella
como un baile
Le seguimos los pasos
Damos vueltas
No importa dónde empezamos
Ni dónde terminamos