Entradas

Mostrando las entradas de noviembre, 2012

Tomado de un anotador nunca usado

Como un puching-ball péndulo que sólo vuelve, como un martillo de plomo, golpea mi cabeza la hoja rayada. Hinchada con la sangre de incontables pensamientos se manchan los renglones. Solamente entonces, ahí cuando la mente está saturada, solamente con violencia puede ser comenzada la escritura de esta página.

Nadie es tan considerado conmigo como yo mismo, porque yo. Es que yo tomo en serio todos mis pensamientos, tan en serio que soy completamente capaz de aceptarlos inválidos. Digo más, todos llegan a ser inválidos. Es tal mi compromiso con ellos que descubro la relatividad según la cual es innegable la validez de cada pensamiento. Así es que, yo, que tengo un mínimo de componente material en mi existencia, soy ambos válido e inválido en el aspecto abstracto lo abstracto de mi ser. Entendiendo que los opuestos se anulan, soy nada. Y comprendiendo que el universo es un absoluto equilibrio de opuestos, soy la pura expresión del Todo. Ustedes disculpen si creen que no marco diferencias…

Digan cómo

No digan por un país no sé cuánto, por una provincia no sé qué.
Digan cómo. Digan un plan. Digan qué idea. Digan el proyecto. Digan los pasos. No digan para terminar con tal cosa, para continuar con tal otra. Digan cómo. Digan con qué recursos. Digan con qué criterio. Digan con qué medidas. No digan frases vacías. No digan palabras tan generales. No digan “seguridad” si no dicen cómo. No digan “educación” si no dicen cómo. No digan “cambio” si no dicen cómo. Digan cómo. Concretamente cómo. Sinceramente cómo. Digan las respuestas; las preguntas las conocemos todos. Digan visiones reveladoras. Digan algo de los pensadores que leyeron, cuáles rescatan, con cuál disienten. Digan qué saben de filosofía política, digan qué saben de los problemas de la gente. Digan qué saben de economía, digan qué recetas ya fallaron y cuáles aún no se han probado. Digan la historia, las causas. Digan cómo saben lo que saben. Digan algo que no haya dicho nadie, algo que no sepamos. No digan discursos que no d…

Distracción

Estaba viendo una película. Mi hermanito, sentado entre el gigantesco televisor y yo, volaba aviones que disparaban a supersoldados y mutantes muy mal hechos. Estas personas de plástico no tienen ruidos muy característicos, salvo que sus visiones de rayos sean muy potentes, pero el avión rompía records de estridencia cuando disparaba y no daba tregua al sonido cuando simplemente planeaba. No me impedía comprender la trama de la película que quise aprovechar a ver el rato que mis viejos salían con mis hermanas. No se me escapaba ningún sonido de la película pero se le sumaba el combate librado sobre las tablas del suelo. Le puse pausa a la película. Dediqué ese momento a decidir si valía la pena pedirle a mi hermanito que no me rompiera más las pelotas o si convendría abandonar esta oportunidad de ver la película ya que de todas formas mi atención ya estaba impedida de concentrarse en la historia. Entonces me di cuenta que el nene se había silenciado de golpe, como si le hubiera puesto …