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Mostrando las entradas de junio, 2014

Romina

Me hacés una mueca
Todo perdió sentido
Hay una sonrisa en tu cara
No fuiste feliz
Todo perdió el sentido
Te recuerdo como no eras
Aún te recuerdo
Todo se perdió
Todavía te recuerdo
Qué bueno
Hay puntitos en tu ropa
La nena
Todo perdió sentido
Yo no te quise
Te amé
No quisiste mi amor
Yo quería otra cosa
No tenía sentido
Yo quería esa mueca
Yo quería sentido
Querías una sonrisa mía
Yo sonreía
No esa sonrisa, mi sonrisa
La verdad querías
Todo perdió sentido
No había ninguna verdad
No quería lo que era tuyo
No querías lo que era mío
Yo te tuve
Vos me mirabas
Te escondías
Te encontraba
Te perdía
sentido
Nada tiene sentido
Tu ausencia no tiene sentido
Me decías que yo no estaba
Te escuchaba y no te encontraba
La sonrisa
Dado vuelta
Tus dientes entre mi lengua
Tu piel encontrando la mía
Nunca fue suficiente
Faltaba sentido
Nos encontramos sin pasado
No encontramos futuro
Pero estábamos y éramos fantásticos

Paul

Paul mira fijo. Paul se sienta pacientemente y mirá un punto del espacio que parece intrigarlo de hace años. Su mujer pasa junto a él. No lo mira al pasar pero ya lo vio al entrar en la habitación. Él ya no le reclama atenciones, no hay nada que reclamarle, ella se porta de maravilla. El que se desubica constantemente es el hijo, ya está grande pero sigue sin entender a su padre. A Paul le encantaría demostrar a su hijo el respeto que siente al enterarse que viaja por todo el conurbano solamente para participar de eventos culturales. Nada lo detiene a su hijo. El eterno divague de Paul eventualmente lo trae a estas cuestiones donde no puede evitar admirar y envidiar a su hijo. El asiento desde el cual Paul estudia ese punto del espacio que parece intrigarlo desde hace años no es un asiento especial, es una simple silla de alto respaldo y muy buena madera de algarrobo.