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Mostrando las entradas de mayo, 2012

Otra nostalgia

Una ciudad abovedada. Pongamos, columnas, hay columnas por todos lados. Cien es el número, cien a donde sea que vayas, cien. Cien, cien, cien.  La noche escurriéndose entre los pilares de cemento, pilares como continuaciones de las calles. La noche escurriéndose pegoteando las paredes con su babosa oscuridad. Cien es el número a donde sea que vayas. La soledad es el código en esta ciudad. La noche es el aire que respirás, la noche antes del atardecer, la noche después del amanecer. La diurnidad violada por la noche del alma humana. Vos, humano, ahí parado, ahogado en el cien que construyó tu especie. Un cien que domina las tres dimensiones. La más audaz prisión, las rejas son todo tu entorno. Gruesas, innegables, rejas. Altos hasta perderse, contundentes barrotes de bloques de cemento, húmedos de oscuridad. Único preso, como cada ejemplar de tu especie. La soledad, el único lenguaje admitido. La vista y el oído son parte del esquema carcelero, no tenés escapatoria. Si, por casualidad…