Soñó

El sueño llegó. Muchas noches pasaron en que el cuerpo se desactivaba y reactivaba como si la madrugada se omitiera o realmente no existiera. Pero una noche el sueño llegó y entonces durmió. Todo su cuerpo se distendió verdaderamente, no fue solo un parpadeo. Los ojos esta vez se agitaron.
Primero las escenas se aceleraban frente a él. Todo pasaba y solo observaba. Inadvertidamente se encontró contestando a las palabras de una mujer como él. Estaban yendo a algún lugar de la universidad, los salones los esperaban pero ella tomó otro camino y los corredores vacíos estuvieron repentinamente repletos de transeúntes. Todos le dirigían alguna palabra al pasar pero nada de lo que se hablaba era registrado por él.
Eran dos o eran tres, caminaron junto a él. Al salón no llegaba y la tarde ya era noche. Pero esos dos o tres estaban yendo a un bar y a un bar llegó él. Pedían cerveza y las pintas desfilaban delante suyo. Sabía que participaba de la ingesta pero no degustó la cerveza que bebió igual que ninguna de las palabras habladas se definía en sus oídos.
La tenue luz se volvió oscuridad y se supo solo. El recinto estaba vacío de mobiliario y de toda otra presencia. Pensó en las nubes y casi se convence de estar deambulando en ellas, pensó en perros y gatos y varios ejemplares de estos animales pasaron cerca suyo, pero jamás una luz irrumpió el aire negro que lo envolvía. Se agachó para mimar a las criaturas que ya no estaban allí. Se le antojo todo muy insatisfactorio. Pensó en su familia pero fue igual que con los cuadrúpedos, se presentaron inaccesiblemente.
La oscuridad se atenuó y un resplandor empalideció el ambiente. Sentía hambre y creía estar comiendo pero sus manos estaban junto a su cuerpo y su boca semiabierta no se movía. Todos sus músculos se mantenían quietos a la fuerza. Toda su fisiología estaba en huelga y cuánto lo rodeaba solo podía saberlo a sabiendas, nada percibía. Varios escenarios reemplazaron el vacío y él comprendía que su presencia era ajena a todos ellos.
Entonces un escenario fue la calle de asfalto, cualquier calle, todas las calles en un solo camino. Pero el camino estaba intersectado, en algún lugar ignoto se torcía y se cruzaba consigo mismo, continuaba y lejos donde no podía pensarse se volvía a dar la vuelta y así repetidas veces se cruzaba y todo esto podía saber él. Allí estaba y el día resplandecía con un intrusivo celeste repleto de pálidos puntos claramente distinguibles, entre dos intersecciones, con murallas alzándose a sendos lados suyos. Algunas personas lo visitaban y él comenzaba a deambular pero no se desplazaba. La gente se acercaba y se marchaba, variadas conversaciones se sucedían y se perdían en el olvido. Quizás sabía lo que decían, quizás sí era capaz de percibir todo su entorno con todos sus sentidos, pero insistía en probarse a sí mismo que los instantes previos habían ocurrido en verdad y fracasaba porque era incapaz de probarlo definitivamente.
La madrugada, como cada vez, concluyó. Un dispositivo comenzó a sonar insistente en una hora determinada. La respiración del hombre continuó, sonando pesada e imperturbable.

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