Despertame

Y si te despertas tirado en un suelo desconocido ¿buscás el despertador? ¿Qué hacés al despertar en tu cómodo colchón aplastado y descocido? ¿Harías eso si te hubieran trasladado más allá? Nadie me ha dicho cómo comenzaban sus sueños. Pero si los tenían, algún comienzo debían tener. Todos juramos nunca haber obtenido aquello que buscábamos en los sueños, o que nunca ocurriera el desenlace de los mismos, todo según quién llevara a quién, si nosotros al sueño o el sueño a nosotros ¿Es así que el sueño termina sin final? ¿o acaso igual que olvidamos el comienzo también olvidamos la conclusión? En la vida cada interrogante tiene una respuesta que plantea nuevos interrogantes. Apuesto a que, frente a aquellas cuestiones que se resuelven en una respuesta sin más, la misma era sabida desde un principio.
Y si te despertas en otra realidad ¿qué es lo primero que juzgás? ¿Dirías que comenzó un sueño o esperarías encontrar todo en su debido lugar? Lo segundo seguramente sería buscar algo que se parezca mucho a lo que debe encontrarse en cada despertar. En un sótano húmedo d
ebe haber algun armario. En medio de la calle veré, aunque lejos sea, una pared. En medio del desierto... no lo sé, pero será aire el que respire ¿servirá? Quizás hables para recordar tu voz, tu dulce voz siempre con vos. Quizás suene almidonada y no parezca tuya pero repetiras el planteo hasta que despierten tus músculos. Te pasarás la mano por distintas partes del cuerpo y lo encontrarás en su lugar, si tu suerte no es muy desgraciada.
Y si te durmieras en medio de una acción ¿la habrías terminado al despertar? ¿Cuánto tiempo pasa entre cada cabeceo? ¿Es más rápido el último movimiento descendente del cual deseamos pronto alzar nuevamente la cabeza? ¿o aceleramos nosotros esa percepción del tiempo por algún temor? Pensá que en un instante pueda desvanecerse tu conciencia y, en ese lapso de tiempo indetermin
ado, que puede ser un viaje de años y siglos con su debida vuelta a minutos del comienzo o puede ser una millonésima de segundo extendido al infinito, te convencés de que sos una mariposa soñando que sos un hombre que cabecea. O pensá que a lo largo de tu vida en vigilia mirés en cada rincón convencido de que sos el sueño de Picasso que inspirará su obra maestra y sabés a ciencia cierta que la quemará por pudor.
Si pierden tus células la materialidad y te sentís tinta en un papel, contorcionado en miles de letritas que seccionan todo tu significado existencial en millones de infimos trazos dependientes de la interpretación de algún gil ¿te levantarías del suelo? Si me acabo de caer de la cama rodando por el borde alto del colchón y la única realidad del impacto es un suave dolor en la cabeza y el costado de la espalda. Tan suave el golpe que quizás ni sea letras en un papel sino destellos en una pantalla y digitos binarios en la memoría virtual de algún servidor porque nadie aún se haya decidido a imprimirme. Y si me imprimiste, he de agradecerte que dieras fibra a mi existencia y serás mi Dios desde este momento y nuevamente cada vez que me releas. Gracias.

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